jueves, 21 de agosto de 2008

San Pascual, el Santo de Olintepeque.

………cuando era niño, a veces visitaba el lugar donde trabajaba mi madre, era una casa vieja, grande, de pueblo, con jardín al centro, y al centro de él una pileta con fuente, recuerdo que habían muchas flores y un árbol de durazno. Cuando uno entraba a esa casa, se apreciaba el patio y al fondo unas gradas que conducían a un amplio cuarto que estaba más alto que toda la casa, a pesar de que lo habían acondicionado como biblioteca, yo me imaginaba otros usos para él.

En ese lugar, trabajaba un señor de conserje, se llamaba José, era de piel morena, alto, de pelo lacio negro que siempre se lo peinaba hacia atrás, y me llamaba mucho la atención lo pulcro que el siempre se mantenía, a pesar del trabajo que le tocaba hacer. Tenía una bicicleta para ir de un lado a otro. El me quería mucho, y cuando yo llegaba del colegio a visitar a mi madre, normalmente ella siempre estaba ocupada, entonces me iba con José, el me hacía atolito de Incaparina, me lo servía en un pocillo de peltre, y si él tenía tiempo me contaba cuentos de su pueblo.

No recuerdo todo lo que el me decía, pero si recuerdo que cuando me hablada de un santo en especial, su cara cambiaba de expresión, se ponía mas serio, con una mirada casi perdida (como imaginando todo lo que me contaba), ocasionalmente estallaba dando muestras como de felicidad o satisfacción, y cuando se sonreía le brillaban sus dientes blancos, y en especial uno de oro que también tenía. El había nacido en Olintepeque.

El Santo se llama San Pascual, en algunos casos yo he escuchado que le decían San Pascual Bailón, pero José le decía: mi rey o mi reyecito.

Yo salía mucho con mi abuelo Gonzalo y con mi tío Chus, normalmente a los pueblos cercanos a mi ciudad natal (yo nací en Xela), y en una de esas salidas fuimos a parar a Olintepeque, y en la plaza como de costumbre a un costado del poder municipal esta el poder religioso, la iglesia (Católica por supuesto), yo siempre me metía en las iglesias, pero esta vez algo llamó mi atención, observaba como un grupo de señoras con sus trajes típicos y la cabeza cubierta, con veladoras, candelas y flores en la mano se dirigían a una casa (esa vez estaba pintada de verde), grande, con una sola puerta de entrada…………….¿Adonde iban?............yo asumía que iban a la iglesia………y por curiosidad las seguí.

Al pasar la puerta me tope con un entrepaño de madera que servía como pared provisional para mantener la privacidad y para colocar mensajes o anuncios, y empecé a escuchar murmullos, algunos parecían llantos, otros eran oraciones, no podía entender las palabras, pero si sabía que estaban en lengua indígena.

El cuarto es muy grande, de hecho es como un pequeño salón, en las paredes laterales no hay adornos, solo placas de metal o de madera, o incluso pedazos de papel o cartón donde agradecidos feligreses han dejado su gratitud. La gente está reunida hasta el fondo en donde una pequeña baranda sirve de soporte para hincarse para rezar…..hombres y mujeres de distintas edades con las manos entrelazadas y la cabeza baja y sus plegarias en baja voz aunque muy fervorosas……………. yo no logro saber lo que ellos dicen.

San Pascual tiene fama de conceder todos los favores, inclusive aquellos que sirven para hacer mal a otros, el problema reside en que él (San Pascual) SIEMPRE se cobrará el favor. Y si el favor es para mal, así será el cobro.

A los lados de la baranda hay mesas disponibles para los regalos, normalmente son candelas o veladoras, aunque a veces se huele incienso de mirra, y en algunas ocasiones se ven frascos con aguardiente.

Por más que camino no distingo la forma del Santo, solo alcanzo a ver que tiene una corona dorada y una capa morada.

Me espero unos minutos, y un señor me deja un espacio cerca del altar, me apresuro por la curiosidad, y me coloco de rodillas………..la imagen esta oscura (casi no hay iluminación) pero mientras pasa el tiempo, mis ojos se acostumbran a la penumbra, y con un escalofrío veo que San Pascual es un esqueleto pequeño (como de niñito, no mide mas de setenta centímetros) y tiene una corona y un cetro que presumo son de oro, además lo cubre una capa muy elegante que me parece es de terciopelo. Esta encerrado en una urna rectangular de vidrio con orillas de madera…….me quedo pensando………

He escuchado muchas historias fantásticas místicas de los pueblos del altiplano de mi país, pero nunca me hubiera imaginado que San Pascual sea una muertecita.

La mezcla de los dioses antiguos de los indígenas, con el obligado catolicismo impuesto por los españoles durante el mestizaje, generaron tantos santos extraños, pero ninguno como San Pascual, y no me refiero únicamente a su apariencia física, sino que también sobre lo que dicen de él y lo que se supone que él hace.

San Pascual es el único santo que yo sé que se comunica con uno, lo hace a través de los sueños, y si una persona sueña con él, la visita a su capilla es obligatoria, y si la persona no llega, tendrá pesadillas que él le producirá, aunque a veces solo recibimos mensajes de él como si estuviera en completa soledad y necesitara hablar con alguien…………….Además también cuentan, que en un principio San Pascual tenía su propio nicho en la iglesia del pueblo, pero era tanta gente que SOLO lo visitaban a EL, que los sacerdotes lo sacaron de su edificio……..

José se refería a San Pascual con mucha devoción, cariño y respeto. Lo que yo tampoco sabía, el me lo dijo, es que la imagen esta hecha de huesos humanos tallados, y que sólo cierto grupo selecto de hombres del pueblo eran los orgullosamente elegidos para ayudar al Santo a estar limpio, y con su atuendo pulcro. Es más, José era uno de ellos y les llamaban los Caballeros de San Pascual.

Después de esa primera vez, he regresado a Olintepeque varias veces, y con una extraña devoción-miedo voy a visitar a San Pascual, nunca le llevo regalos, solo le pido que me proteja, que proteja a mis hijos, él sabe muy bien que le he tomado cariño y respeto, y lo que siempre incluyo es una petición por José, pues el ya no está vivo, y yo no sé quienes son ahora sus caballeros, pero de lo que si estoy seguro es que no habrá otro que lo respete y quiera tanto como lo hizo José.